¿Java o Python en las aulas?: El problema de las carreras de informática en el Perú

Ilustración para: ¿Java o Python en las aulas?: El problema de las carreras de informática en el Perú

En mi experiencia como estudiante universitario en la escuela de Computación Científica he llegado a conocer diversas profesiones ligadas a la informática con sus particularidades, genialidades, errores y aciertos. Hoy después de miles de preguntas sobre ¿Qué se diferencia X carrera de sistemas con Y carrera? o ¿Pepito encontrará trabajo como informático con Z carrera? me surgió el deseo de escribir sobre la situación de las carreras informáticas en el Perú.

En primer lugar, antes de hablar sobre el panorama actual de estas carreras informáticas/tecnológicas profesionales en el país, debemos de entender un problema antiquísimo (ya lo escribía el Amauta hace 100 años en sus 7 ensayos) sobre la desconexión de la instrucción con la realidad peruana.

La educación en los años de la república ha bebido de diversas corrientes y de distintas partes del mundo. Su resultado, como en otros aspectos de nuestra vida, es una mezcla forzada y poco armónica entre lo foráneo y lo oriundo, solo hay que recordar la corporativización de la universidad en los 60 o cómo nació la actual ley universitaria 30220. Donde un par de burócratas sin la consulta o el estudio idóneo copiaron el modelo anglosajón de investigación (cuando no hay la inversión necesaria), el modelo de acreditación internacional (cuando es inviable sin el capital idóneo) y una agencia de control como la europea (que sin el control político debido, es vulnerable a copamiento partidario) generando un Frankenstein de ley. Estas políticas malhechas han generado en la educación la consolidación de la privatización de la educación superior, instrumentalización política para los grandes capitales y el surgimiento de las universidades “chicha” y más cuestiones que no desarrollaré aquí pero encontrarán en el informe del Grupo de Estudios Guardia Mayorga llamado LA PRIVATIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD PERUANA.

Ahora bien ¿Cómo se expresa todo esto en la universidad y por ende en las carreras informáticas?

La universidad en el Perú carece de un objetivo auténticamente nacional; por el contrario, responde a una lógica centralista instrumentalizada por las urbes de su época. En el siglo pasado, José Carlos Mariátegui ya advertía que la herencia colonial fomentaba un culto a las humanidades virreinales orientado a formar burócratas, cuando el desarrollo del país exigía «menos gente que hable y escriba y más gente que obre». Hoy la situación no es muy distinta. Aunque ha aumentado la participación de los jóvenes en carreras técnicas y científicas, la educación superior sigue divorciada de la realidad peruana.

Año tras año se apertura nuevas escuelas profesionales tecnológicas en nuestras universidades: Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial en la UNMSM, UTEC, UCSUR, UPN (sin el término IA); Ciberseguridad en la UPC, USMP, UTEC; Ciencias de la Computación en la UNMSM, UTEC; Ingeniería de software (que se ha masificado en muchas instituciones); etc. ¿Pero esto por qué significaría un divorcio de la universidad de la nación? Bueno para responder esto, solo tenemos que ir a nuestra realidad.

Podemos corroborar en micro y en macro que el desarrollo de las organizaciones humanas dependen en medida de cuánto han desarrollado su producción (fuerzas productivas, división del trabajo y el comercio). Una empresa no está más desarrollada que otra necesariamente por la cantidad de trabajadores que hay, sino por el perfeccionamiento en sus trabajadores, en las máquinas y en la división de trabajo que hay entre los elementos. Para ilustrar este punto imaginemos una Empresa X dedicada a brindar servicios de limpieza. Aunque cuenta con una plantilla numerosa, sus operaciones son tradicionales y poco sofisticadas. Ahora supongamos que esta empresa X decide desarrollar un sistema de control de inventarios, el proyecto no tendría gran complejidad: solo requerirá registrar el flujo de instrumentos e insumos de trabajo. Para lograrlo, bastaría con un equipo reducido de desarrollo (por ejemplo, un desarrollador full-stack, un Product Owner y eventualmente un analista encargado de organizar los requerimientos). Ahora imaginemos la empresa Y del mismo rubro que no cuenta con una cantidad tan grande de trabajadores, sin embargo Y ha desarrollado una organización productiva distinta. Aunque cuenta con menos trabajadores, posee sistemas automatizados de gestión, una mejor división técnica del trabajo, trabajadores especializados en distintas áreas, procedimientos estandarizados y herramientas que permiten organizar de manera más eficiente sus operaciones. Esto la hace más eficiente en su producción y por ende le da mayor desarrollo. Si Y decidiera implementar su propio sistema de control de inventarios, este tendría que abarcar requerimientos operativos mucho más exigentes que los de X. El sistema de Y necesitaría integrarse con sus áreas automatizadas, manejar bases de datos o gestionar proyecciones logísticas en tiempo real. Al estar más desarrolladas sus fuerzas productivas, el ecosistema de la empresa se vuelve más complejo; por ende la creación de este sistema requerirá un equipo más especializado (arquitectos de software, desarrolladores, ingenieros de datos, especialistas en control de calidad, etc.). Esto demuestra cómo el avance tecnológico y productivo empuja, de manera inherente, a una mayor especialización y a una división del trabajo mucho más profunda.

Esta misma lógica puede trasladarse al conjunto de la sociedad. Una sociedad no está necesariamente más desarrollada por poseer una mayor población, sino por haber desarrollado en mayor medida sus capacidades productivas, entre ellas destacando el conocimiento. Retomando el ejemplo anterior, un mayor avance en la producción exige una división del trabajo más compleja. Esta fragmentación demanda, a su vez, una especialización aguda de la mano de obra; por ejemplo, un ingeniero industrial no podría ejecutar las tareas de un desarrollador de software con la misma destreza y eficacia. En consecuencia, el propio progreso empuja a la sociedad a generar una diversificación profesional mucho más profunda. Por ende en los centros de instrucción de sociedades más avanzadas necesita dividir las escuelas profesionales y rutas de aprendizaje ya que la producción de mano de obra calificada necesita la producción que tiene esa sociedad. Sin embargo, el Perú, un país caracterizado por su desarrollo primario-exportador, lo ubica persistentemente con un bajo Índice de Complejidad Económica debido a la debilidad de su sector manufacturero y su baja asimilación tecnológica, no contando con un desarrollo correlativo de sus fuerzas productivas. La universidad, enajenada de esta realidad material, actúa como si el país poseyera dicha complejidad industrial, creando carreras hiperespecializadas que resultan indiferentes a las verdaderas necesidades del aparato productivo nacional.

La manera más eficiente de corroborar esto es observar lo que ocurre cuando nosotros, los informáticos (especialmente los estudiantes de pregrado o recién graduados), salimos a buscar empleo. Semana tras semana surgen cientos de nuevas plazas para perfiles Junior, Semi-Senior y Senior. Y en gran mayoría comparten una misma particularidad: no buscan un tipo de informático profesional en específico, sino que, en su gran mayoría, aceptan cualquier perfil profesional informático. Basta con leer los requisitos de cualquier convocatoria: “Profesional en Ingeniería de Sistemas, Ingeniería de Software, Computación e Informática o carreras afines”. Ese famoso “afines”, presente en casi todas las ofertas laborales, es la prueba más contundente de lo poco desarrollada que está la división del trabajo en nuestro campo. Cabe recalcar que a pesar de no importar mucho cuál ha sido tu formación profesional (sino simplemente tenerla) es necesario los conocimientos y habilidades a la ejecución operativa de tecnologías particulares para cumplir ciertos perfiles (como Frontend Developer en React, un Analista de Datos en Python o un Ingeniero de Infraestructura Cloud). Es crucial no confundir esta exigencia con una verdadera madurez productiva, lo que el mercado peruano presenta es una división basada en la operación y consumo de tecnologías comerciales, no una división a profunda. Para esto la industria local es consiente de que la instrucción en el Perú no está amoldada para ella y ve necesario que su propia o futura fuerza laboral demuestren sus competencias al margen del título, ya sea mediante la práctica, portafolios verificables o buscando garantes externos de conocimiento, como las certificantes tecnológicas internacionales ¿O acaso conocen a algún informático competente laborando, mediante entrevista claro está, en un puesto competente al rubro sin tener alguna de estas garantías externas?

Podemos llegar a la síntesis que parte del problema de las carreras informáticas en el Perú es la contradicción entre la instrucción que se les brinda a sus elementos y al mismo aparato productivo que al no estar desarrollado no diferencia estas especializaciones plenamente. Pues demanda en su mayoría perfiles manufactureros destinados a la operación de tecnologías existentes y el mercado actual no puede desarrollar suficientes puestos vinculados con la dirección intelectual, la arquitectura tecnológica y la innovación de esta.

Tristemente las consecuencias de las universidades peruanas en las carreras de informática no terminan aquí. Para fines prácticos y de análisis, entraremos en contradicción con la síntesis planteada con ciertos hechos; sin embargo, paradójicamente y hasta un poco gracioso, reforzaremos la síntesis haciéndola más sólida.

Recojamos el término dicho en los primeros párrafos: «La privatización de la universidad peruana». Este ha sido un proceso de muchos años dirigido (como lo dije arriba) por las clases que conforman la urbe de nuestro país, que ha mutado de la «elitización de la universidad» (un ejemplo serían los orígenes de la UPCH hace más de 60 años) a la «privatización de la universidad». Esta última fase de este proceso ha revivido en los últimos años las “universidades chicha”; pero, mucho más importante aún, ha favorecido la consolidación de grandes capitales en el sector educativo concentrado la población estudiantil en sus universidades privadas. Podemos ver que solo la UTP (del grupo donde pertenece Interbank) y la UCV suman 374.372 alumnos en pregrado superando a todo el estamento estudiantil de todas las universidades públicas juntas.

Esta centralización de matrícula aparte de fomentar la centralización de sus capitales también influye en la educación que imparten en sus universidades, ya que los dirigentes de estas industrias más importantes y relativamente desarrolladas en el país (la financiera y la minera) necesitan de manera más eficiente y atinada que sus trabajadores estén más especializados (por el desarrollo y expansión que tienen) en su rubro en el contexto en el que se encuentran.

Por ejemplo, vayamos a la sección de Nosotros de la web de la UTP (parte del Grupo Intercorp) y podremos notar que en el subtítulo “Somos parte de Intercorp” dice lo siguiente:

Las mallas curriculares de nuestras carreras son diseñadas junto a reconocidos ejecutivos del grupo para garantizar que los alumnos desarrollen las 	competencias que el mercado laboral requiere. Además, nuestros estudiantes tienen contacto permanente con las empresas de Intercorp: 
[...] 
- Resuelven desafíos reales de las empresas de Intercorp en cursos y programas especiales.

Por inercia genera una fácil adaptación y especialización del estudiante informático a la industria, sin embargo esta universidad al conocer esto también lo promueven:

UTP cuenta con más de 1,000 convenios internacionales, destacando alianzas con universidades como Berkeley, University at Buffalo, y la Universidad 	de Santander, en países como Alemania, Australia, China, Canadá y España. Además, ofrece la certificación de Cisco, Huawei, IBM y Google, que 	potencia las oportunidades laborales.

O también, analicemos a las Universidades UPC y UPN, donde los dueños, el conglomerado transnacional Laureate International Universities, aplican una estricta estrategia de segmentación de mercado. Empecemos con la UPC, donde podemos ver que se enfocan en:

"formar líderes íntegros e innovadores con visión global para que transformen el Perú" [Citamos la introducción del informe del Banco Mundial sobre 	la UPC] Por favor tomen el 'transformen el Perú' con muchas pinzas, ya que creo que lo más correcto sería que al ser sus matrículas relativamente costosas apuntando a los niveles socioeconómicos medios y altos, forman  cuadros gerenciales y ejecutivos para los sectores más desarrollados de la industria local.

Mientras la UPN funciona como: “Una cantera masiva de mandos medios y técnicos para la industria local” [Citamos el artículo de Semana Económica “Laureate Perú, propietario de UPC y UPN, facturó US$339.2 millones en el primer semestre”].

Con un poco de comprensión lectora podemos llegar a la conclusión que su método para diseñar el plan curricular de sus carreras está influenciado por la industria a la nación de donde pertenecen o donde quieren apuntar estas universidades. alineando sus mallas a las competencias específicas que exigen. Y siendo concreto yo no veo mal que exista una instrucción adecuada para la realidad material de una nación, DE HECHO TODO EL TEXTO DE ARRIBA ES CRITICANDO LO DESCONECTADO QUE ESTÁ, sin embargo en estos últimos casos podemos encontrar que verdaderamente están conectadas con la realidad ¿o no?

Destaquemos algunos aspectos de las mallas curriculares que ofrecen estas universidades “conectadas e influyentes con la realidad peruana” utilizando como ejemplos las mallas curriculares de Ingeniería de Software (IS) e Ingeniería de Sistemas e Informática (II) de la UTP (Malla Ingeniería de Software, Ingeniería de Sistemas e Informática). Notemos que IS se enfoca en la Creación, desarrollo técnico, calidad y pruebas de software a profundidad. Mientras que II tiene un enfoque en la Arquitectura empresarial, gestión de servicios TI y planeamiento estratégico. Empero, durante los primeros seis a siete ciclos, tres de los cinco años de carrera, ambas ramas son estructuralmente indistinguibles. Comparten los mismos cursos base, como por ejemplo ‘Cálculo 2’, ‘Matemática Discreta’, ‘Java Script Avanzado’, ‘Base de Datos 2’, etc. ¿Entonces para qué dividirlas? Evidentemente hay ciertas diferencias, pero no las suficientes por desarrollo materiales de nuestras fuerzas productivas y sería más óptimo consolidar una única carrera troncal, estructurada y científicamente rigurosa como Ciencias de la Computación (este ejemplo se da en varias partes del mundo) que fortalezca verdaderamente las bases formales antes de ramificarse en disciplinas.

Argumentalmente, la fragmentación temprana de estas carreras carece de sustento académico y obedece puramente a una estrategia de marketing educativo para concentrar más capital. Estas universidades no nacen con un plan de desarrollo nacional, llegan con un plan para optimizar y perfeccionar la producción dentro de sus corporaciones o a donde sus dueños depositan sus inversiones para generar más capital. En una expresión, el grupo Intercorp que se formó siendo parte del capitalismo financiero (hacer que el dinero se transforme en más dinero), empezó a expandirse y también mutar al capitalismo industrial (hacer que el dinero se transforme en mercancía y que esa mercancía dé más dinero) con la industria farmacéutica y al querer reforzar sus fuerzas productivas inmiscuyéndose al sector educativo darse cuenta que también podía lucrar con esa especialización de mano de obra.

El capitalismo una vez más nos demuestra que es el más eficiente cuando se trata de expandirse y producir, llegando a la educación universitaria también. Sumando a sus tácticas de crecimiento una competencia deficiente en el sector universitario, llegamos a las barbaridades más grandes del marketing creando la carrera de 5 años llamada Ingeniería en Inteligencia Artificial, cuando cualquier informático en unos cuantos meses de instrucción eficiente (como por ejemplo los programas de Microsoft learn o los de Google) y menos de un cuarto de lo que gastas al año en una de esas universidades puede llegar a ser un competente y gran AI Engineer.

Dividir estas carreras desde el inicio bajo títulos rimbombantes no responde a una especialización real del aparato productivo peruano (que, como ya establecimos, aún demanda perfiles informáticos generalistas), sino a la necesidad de estas macrouniversidades de diversificar su catálogo de ventas. Al segmentar artificialmente el mercado, logran captar a un espectro más amplio de aspirantes vendiéndoles la ilusión de una especialización temprana. Esto queda en evidencia cuando notamos que, para justificar esta división, empaquetan las mismas competencias básicas bajo nombres distintos, graduando a unos como “Tutores STEM” y a otros como “Asistentes de Docencia” en las exactas mismas materias.

Al final, este modelo sacrifica la formación de verdaderos creadores de tecnología —aquellos capaces de aplicar el rigor computacional y analítico para innovar—, sustituyéndolos por una masa de técnicos universitarios moldeados a la medida de la dependencia tecnológica del país. Esto se puede demostrar mostrando las exportaciones de servicios modernos alcanzados en 2025 de US$ 353 millones en Perú (21.8% del total), US$ 7,920 millones en Brasil (65.4%), US$ 2,400 millones en Argentina (51.5%) y US$ 24,850 millones en Alemania (58.2%), según datos de ComexPerú, CEPAL y el Banco Mundial. Estos datos evidencian que, a pesar de incrementos interanuales, Perú mantiene un amplio margen de expansión en su economía digital frente a los demás países de la región y muy lejos de uno europeo. ¿Y saben por qué? Porque no se produce tecnología propia de alto valor agregado para el exterior; se opera, mayormente, tecnología ajena para consumo interno, ya que la clase dirigente con la que contamos ahora (y siempre), nunca les ha interesado el verdadero desarrollo productivo de su nación.

Con esto añadido podemos decir que Parte del problema de las carreras informáticas en el Perú es la contradicción entre la instrucción que se les brinda a sus elementos y al mismo aparato productivo que al no estar desarrollado no diferencia estas especializaciones plenamente. Pues demanda en su mayoría perfiles manufactureros destinados a la operación de tecnologías existentes y el mercado actual no puede desarrollar suficientes puestos vinculados con la dirección intelectual, la arquitectura tecnológica y la innovación de esta. Sin embargo cuando se realiza una instrucción verdaderamente adecuada al mercado renuncia a su deber histórico de impulsar el progreso científico y tecnológico nacional, para lucrar con nuestro propio subdesarrollo. Entonces el problema fundamental de las carreras informáticas en el Perú es el poco desarrollo material que tenemos y que tristemente a las clases dirigentes de nuestro país no les ha interesado desarrollarlo ni en sus industrias ni en sus aulas. Y para superar esto, nosotros los informático necesitamos tener la decisión de desarrollar materialmente y cualitativamente nuestro entorno.