Todos los problemas del Perú los resolverá el avance tecnológico y científico ¿NO?
Volante para el Centro de Estudiantes de Computación Científica, de mi autoría y actualizado.
Esta es la ilusión que hemos tenido (y tenemos) varios de los estudiantes, trabajadores e individuos que orbitamos los rubros de la ciencia e informática. Que basta con digitalizar el Estado, poner apps para optimizar trámites o llenar de tecnología y pantallas las aulas, será suficiente para resolver la desigualdad, la corrupción o el abandono de la educación pública.
Sin embargo, este discurso nos esconde que la técnica no es neutral, sin la dirección adecuada puede terminar afectando más que antes, y que los problemas en la estructura y superestructura de nuestra nación no se resolverán haciendo sistemas más autónomos y eficientes.
En nuestro país se expresa de manera simple: Queremos digitalizar los trámites y archivos del MINSA ¿Pero de qué serviría sistemas de big data si la calidad de este servicio público en donde se desarrolla y por los que la desarrollan sigue siendo ínfima Informe de corrupción e ineficiencia en 99% de entidades públicas?, ¿Para qué drones en la minería que mejoren la productividad si las comunidades siguen siendo desplazadas, envenenadas y la corrupción se lleva el canon minero?, ¿Qué importa que haya aplicaciones educativas con miles de libros si los estudiantes de colegios en las zonas rurales apenas tienen retención de lectura informe de la UNESCO y siguen sin agua, sin luz y sin maestros estables servicios en el área rural del proyecto CREER?
Esta es la expresión de la creencia de que lo técnico reemplaza lo político, que la eficiencia o la razón siempre es mejor. Cuando la verdad, lo que sucede es el soslayamiento de las desigualdades y legitimar un modelo económico que no pone al ser humano (o al grupo humano) en el centro.
La verdadera salida no está en delegar nuestras decisiones a los ingenieros, a los tecnócratas o a las empresas que venden “soluciones digitales”. La clave es una racionalidad comunicativa, es decir, abrir procesos de diálogo democrático donde la sociedad decida qué ciencia quiere, qué tecnología necesita y bajo qué fines colectivos.
El futuro del Perú no lo va a resolver una app ni un algoritmo: lo vamos a decidir nosotros, en las calles, en las universidades, en las comunidades, en las mesas redondas. En cada espacio donde exista la deliberación y el anhelo de otra forma de vivir.