Tu pantalón está lleno de tierra
Salí de la casa de mi padre. No cerré la puerta con llave, iban a llegar invitados, pero no iba a estar presente, mi corazón quería derramar un poco de amor que ella abandonó antes de primavera. En esta oportunidad no me iba a ir tan lejos, solo a unas tres cuadras y poco más ¿Un puchito? No fue un día tan gélido como esperaba. Mmm no, mejor lo guardaba para más tarde. Fue buena idea haber salido sin casaca, si no iba a estar sofocado todo el camino. No quería llegar apestando a tabaco. Cuando empecé a hablar con Selena nos sorprendimos al descubrir que vivíamos tan cerca. Extrañamente muy cerca. Sin embargo, a pesar de la cercanía, nunca coincidíamos para salir. Ella estaba libre, yo a tres horas en mi universidad; yo estaba libre, ella en una fiesta o reunión de sus compañeros de carrera. Oye ya estoy casi enfrente de tu casa ¿En cuánto bajas? Espérame cinco minutos, me respondió, y colgué el móvil. Atravesé un parquecito de forma diagonal, e Igual si debí prender mi cigarrillo hace unos minutos… Este día, esta semana, este mes, esta temporada me hace recordar mucho a ella… ¡Holi! Hola, respondí con un beso en la mejilla. Hablamos del día, de la semana, del mes, de nuestra vida. ¿A dónde vamos? me preguntó. No tenía mucho dinero para ir a comer algo. Ehhh. Ni había tanta confianza para ir a un lugar más cálido. Vamos a Loma (era un parque muy grande y bastante bonito para charlar), respondí después de unos pocos, pero largos segundos. En el trayecto me di cuenta de que aunque vivíamos cerca y contamos la misma edad, la vida nos daba diferentes gustos. Ella me hablaba de sus anteriores salientes que le daban gravosos paseos los viernes e interesantes licores los sábados. Y yo le mencionaba que estaba caro el último libro del engreído ese de Cisneros y solo ahorrando un mes podía comprarlo ¿Cuánto está? preguntó. Setenta soles. Igual no está tan caro Diego. Ósea, yo pienso que sí, es un libro de no más de doscientas páginas y tampoco es que tengan que contratar a un traductor, está en español. Yo pienso que para un libro nuevo está bien ese precio. Cambie de tema y le mencione que Rafael Dumett había sacado una novela histórica hace poco ¿Te gusta leer verdad? interrogó Selena. La verdad que un poco, me gustan más tus ojos, le respondí mirándola fijamente. A ella se le escapó una sonrisa y se sonrojó un poco por sólo breves segundos. Selena cambió de tema y empezó a hablar que justo uno de esos antiguos salientes estudiaba en la universidad que justo estábamos pasando por el lado izquierdo (era la Ricardo Palma). Por lo que entendí el chico, algo mayor que nosotros dos, indeciso de su futuro (bueno… quien no en estos tiempos, hasta yo) un futuro humeante, ya que era un fumeque empedernido de la droga más orgánica de este tiempo, mencionaba cada vez que podía que quería dejar la carrera y largarse de su casa. ¿Alguna vez la fumaste con él?… ¿O sin él, no importa? le pregunté. Sí, unas cuantas veces ¿Tú? No, nada, ningún tipo de droga para serte sincero, excepto el alcohol, claro. Yo solo he probado marihuana, no pienses que soy una drogadicta, rió Selena. No le creí, pero tampoco me importó. Bueno, el punto es que el chico una vez me dijo que quería llevarme a donde él se fuera a mudar cuando deje la carrera, decía que ya tenía todo listo: el lugar, maletas… El tipo estaba loco y ni siquiera teníamos una relación para que yo me fuera a vivir con él. Me reí y le pregunté: ¿Y al final que fue? Pues nada, me asusto ese huevón y lo ghostie por buen tiempo, hasta ahora, ya no se nada de él. Llegamos al parque o mejor dicho a la loma, literalmente era una loma que la volvieron parque. Habian bancas, pero decidimos ir a la ladera para sentarnos en el pasto. Ella seguía hablando de no me acuerdo que y yo miraba el atardecer, el sol golpeando los edificios, casas, cerros: oscureciéndolos. Entonces ayer tuve clases de matemática ¿Por qué no me golpea a mí? El profe es un pesado, para dejando trabajos ¿Por qué señor? Como si su curso fuera importante para mi carrera. Que golpee mis ojos, los saque y se bañe en sangre de angustia mi cuerpo. Y lo peor es que ni explica bien. Soy un Edipo, un Edipo que ya no quiere ver el futuro como presente, que ya no quiere verla acariciando otra mano, que ya no quiere verla mirando otros ojos y que les sonría ¡Eres ingrata!. Y no soy la única que piensa eso ¡la mitad del salón piensa eso! Que con solo ella mi vida podrá encontrar la Ítaca¡Ohh! !yo¡ !el que te ama y te seguirá amando¡ ¿Por qué me haces esto?! ¿Por qué puse el amor en ti? ¡ingrata! Que tu inconsciente de mi cariño ya me olvidaste. Que yo inconsciente de tu amor lo traicione, lo aplaste, lo escupí. No, no, que mierda hice ¿Por qué lo hice? Entonces con Ronald, el chico gay que le gusta Jeremy, me dijo que está a punto de jalar el curso ¿Me estás escuchando?. Solo llevas lógica y ecuaciones de primer grado, dije despectivamente en voz baja. ¿Qué? preguntó. ¿Que si puedo fumar? ¿No te molesta verdad? pregunte. Si, normal, como te decía… Mientras daba las pitadas al pucho, la miraba con deseo, imaginando que era mi musa. Y la besé, y ella se acercó a mi cuerpo y yo sentí sus piernas en mi sexo. Quise apretar uno de sus muslos y se escapaban de mis manos, como peces sorprendidos de río. Ella abrazó mi boca lo más que podía y yo imaginé que era mi amada lo más que podía. Después de un par de minutos puse mi mano derecha en su otro muslo, y empecé a subir mi mano poco a poco hasta sus pechos, mi miembro se ponía cada vez más duro, quería que ella lo sienta y se lo pegue a un más a su cuerpo. Ella se movió y puso su pierna en el medio de las mías, y empecé a sentir como ella junto su pierna con mi cuerpo. Llegué a sus pechos y los sobé, ella me dijo que los apretara y lo hice. Moví mi otra mano hasta su entrepierna y lo toque y acaricie. Ella mordió mi labio muy violentamente, yo no me queje, me encantó. Puso mi mano en mi pantalón y lo abrió, la toco, lo remango y ella sintió que estaba muy lubricado ¿Te viniste? preguntó casi riendo. No, no, es líquido pre seminal, le respondí. Asu ¿tanto? tu cabeza está empapada. La volví a besar y metí mis dedos en su entrepierna, aunque su pantalón la cubría. Ella me masturbo lentamente y yo le pregunte por donde dejaba mis dedos exploradores, Súbelos un poco más, susurró con voz temblorosa y empecé a moverlos de arriba hacia abajo, baje mi rostro a su cuello y lo empecé a besar, casi a saborear. Ella empezó a gemir, eran gemidos muy agudos, eso me gustaba mucho más. Baje mi boca y empecé a besar su escote. Mi pene estaba explotando, la iba a salpicar de mí en su cuerpo, mi mente se nubló y entre mis suspiros dije Letsi.
¿Letsi? preguntó Selena, ella se movió haciendo que mis manos se separarán de su cuerpo. Perdón, perdón, no sé que me pasa, respondí mientras cerraba mi pantalón. ¿Letsi es la chica a la que le escribes en tus relatos? ¿Qué, qué hablas? dije como si no supiera de qué estaba hablando. Los leí la otra vez, eran bastante interesantes, y la mayoría hablaba sobre una chica. Son relatos, son ficciones, no tienen porque los personajes existir en la realidad. Ay, ya pues, no te paltees y dime la verdad ¿Letsi era tu pareja verdad? No le respondí la pregunta, pero le dije que algunos de los escritos si eran para ella. ¿Si tanto piensas en ella porque no le escribes directamente? Porque no, cómo le voy a estar escribiendo después de tanto tiempo. Osea no lo haces por tu ego, pero que pierdes escribiéndole, igual así te quitas la duda y si te chotea fue pues, así ya sabes que ya no se puede. Ese es el tema, saber que ya no podré volver. ¿Acaso eso no es enfermo? Osea si, pero… Te faltan huevos Diego, eres un baboso. Tal vez tengas razón, dije, putamadre estoy cagado, tire mi torso al césped y mire las copas de los árboles. Ay Diego, Diego, estás enfermo. Sí, estoy cagado, estoy enfermo, enfermo de ella, enfermo de amor…
Perdí la razón del tiempo hablando de lo huevón que soy, del daño que le hice y el daño que no le quiero volver a hacer. Bajamos la loma y ella quería pedir un taxi, yo quería ir caminando (no tenía plata para un taxi). No te preocupes, yo te llevo sanmarquino. Lo tomamos, tomé su mano y vi el polvo con casas de Lima, me dio el billete para que yo le pagará al chófer y le quise dar el vuelto a Selene, pero ella me dijo: No, quedatelo Diego, se que lo necesitarás para tu almuerzo. Salí del carro y dije plateado solo un “Gracias”.